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Terra
La Coctelera

Breve resumen sobre el tema "Represas"


Las sociedades previas al capitalismo occidental del siglo XIX, vivían en una armonía más cercana a la naturaleza. Especialmente aquellos pueblos alejados de la locura de Europa y sus colonias. Las relaciones de los individuos con el medio que los rodeaba era producto de siglos y siglos de adaptación.

Con la Revolución Industrial y la primacía del afán de lucro entre las relaciones humanas y para con la naturaleza, comienza una época (que aun dura) en donde se ve al medio ambiente no como un lugar donde vivir, sino como el sitio de donde obtener mercancías que se traducirán en ganancias o como tacho de basura. Merced a esta visión mercantilista de la naturaleza, es que se concretaron la mayor parte de las represas del mundo.

En aras del “progreso” se cortaron de cuajo los cursos de los ríos más importantes, del mundo en general y de Sudamérica en particular.  Las consecuencias desastrosas que acarrearon estas construcciones las vemos hoy en día con el regreso de vectores que transmiten enfermedades erradicadas de la región (Dengue, vector: Aedes aegypti), o la aparición de otros nuevos (Esquistosomiasis, vector: platelmintos del género Schistosoma), la disminución de la fauna y flora locales por el anegamiento de las tierras selváticas, imposibilidad de la libre circulación de los ciclos reproductivos de los peces, desplazamiento de poblaciones, con el agravante del desarraigo forzoso de la tierra de origen y el estilo de vida tradicional de la zona costera. Entre muchas otras consecuencias aún no estudiadas.

En líneas generales este parece ser un problema propio de las organizaciones ecologistas y de ONG’s dedicadas a la problemática ambiental. Pero la realidad nos demuestra que es una “cuestión de todos”, pues afecta a todos los que vivimos en la Provincia. Es necesario presionar al poder político para que coloque el tema en la mesa, y se lo haga saber al pueblo misionero. Y si es necesario formar asambleas barriales, estudiantiles o de cualquier índole en donde se puedan discutir todos estos temas que son de vital importancia para el porvenir de la provincia. Como ciudadanos debemos tomar cartas en el asunto y exigir que se respete la soberanía del pueblo, que ya dijo anteriormente NO A LAS REPRESAS.

Mi Primer Post

Hoy inicie después de mucho tiempo de haberlo creado, la utilización de mi blog. Por insistencia de un amigo, que cree que tengo capacidad para escribir, decidí rescatar del olvido esta "bitácora" que había creado hace ya tanto tiempo que ni recuerdo.  Supongo que los posibles lectores que, ocasionalmente o por expreso mandato mio (muy autoritario sonó eso jaja), visiten este  espacio juzgaran si mi amigo tiene o no razón al otorgarme cualidades para escribir.

¿Por qué elegí como primer post un fragmento de "El Hombre Mediocre" de José Ingenieros?

¿Las razones? Muchas, demasiadas quizás.

La cuestión es que ese libro plantea la división de los hombres en 3 clases: el inferior, el mediocre y el idealista. Muchas descripciones mediante, José Ingenieros llega a la conclusión de que el avance de la civilización y la humanidad se debe a los últimos y a su ansia de mejora y perfección. Sin hacer juicios de valor respecto a si este planteo pueda o no pertenecer  al determinismo biológico, creo que en cierto modo es verdad. El progreso no viene de la mano de aquellos que no desean el cambio ni pretenden dejar el pasado de lado. Hasta ahí coincido. Pero... esto me lleva a otra pregunta... ¿qué es el progreso?

De mas esta decir que las armas utilizadas en las guerras no forman parte del progreso, no por lo menos en mi concepción del mundo. Tampoco lo son, los cada día mas ingeniosos métodos de tortura, o las, a mi parecer, infames técnicas de manipulación comercial utilizadas por las empresas publicitarias. El problema sigue, no se  que es el progreso.

Pienso y pienso, le pregunto a la gente que pasa, sin preocupaciones aparentes, pero solo me saben responder: "No tengo tiempo". Vuelvo a pensar... hasta que llego a la conclusión de que el progreso no depende de cuanto hayamos mejorado la técnica, sino de cuánto podemos diferenciarnos de nuestros parientes: los animales.

¿Por qué digo esto? ¿No se supone que el ser humano es un animal que utiliza la razón? Por ende eliminar o negar la "parte animal" ¿no seria una contradicción a nuestra naturaleza? La respuesta, creo, es no. Si bien somos animales, está esa pequeña gran diferencia que nos hace responsables. ¿Responsables? Si, responsables de esa diferencia. Nosotros podemos ver el alcance de nuestras acciones.

Entonces... volviendo al progreso y al hombre idealista. ¿Es éste el portador del progreso? En parte si, pues su innata tendencia a aquello que escapa de la realidad cotidiana, a lo que está mas cerca, lo hace aspirar a algo mas, y es ahí en donde más se distancia de su "parte" animal. Por supuesto, que esto no lo hace mejor, ni lo salvaguarda de cometer errores.

Habiendo grosso modo respondido a las preguntas antes formuladas, me retrotraigo a la original: ¿Por qué elegí como primer post un fragmento de "El Hombre Mediocre" de José Ingenieros? La respuesta, a estas alturas, puede parecer simple: yo me considero un idealista, y por lo tanto quiero dejar en claro mi adhesión a lo dicho por Ingenieros.

Pero en realidad, es todo lo contrario. Con apenas (hoy 23/10/2010) 19 años me considero un hombre mediocre. Quizás pensarán: "Es verdad, es mediocre" o "No, no veo que lo seas". Opiniones habrán muchas (o no, depende la cantidad de lectores), algunos comentarán y para otros pasará sin pena ni gloria. Mas así me siento yo, mediocre, con tendencia a seguir al rebaño, a mantener los dogmas y pretender la seguridad de lo conocido.

Aun así, hago una salvedad, me considero de la clase de hombres mediocres de la nueva era, la que Ingenieros no pudo ver. La de las libertades, de la democracia y la república, la de los jóvenes herederos de ideales de lucha y resistencia, la de los pueblos que alzan su voz, la de la Internet, que nos posibilita adentrarnos en lugares que hasta hace unos años hubiese sido imposible. Esta nueva clase de hombre mediocre (con perdón de Don José, que estoy afeando su escrito), tiene más medios a su alcance para darse cuenta de su situación, y generalmente desea convertirse en idealista. Por lo que utiliza todo lo que esté a su alcance para acercarse a ese ideal u objetivo: ser idealista.

Por eso comencé este blog con un fragmento de "El Hombre Mediocre" pues en mi humana mediocridad pretendo alcanzar la luz del Ideal, trascender, y legar algo a este mundo tan sufrido y hermoso. No combatiré el hambre escribiendo, ni se terminara la pobreza. Pero mientras un alma haya encontrado algo de que aferrarse en todo lo que pueda postear, habré alcanzado un pequeño Ideal.

La Emoción del Ideal

Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tiendes el ala hacia tal excelsitud inasible, afanoso de perfección y rebelde a la mediocridad, llevas en ti el resorte misterioso de un Ideal. Es ascua sagrada, capaz de templarte para grandes acciones. Custódiala; si la dejas apagar no se reenciende jamás. Ella es el lis de tu blasón, el penacho de tu temperamento. Innumerables signos la revelan: cuando se te anuda la garganta al recordar la cicuta impuesta a Sócrates, la cruz izada para Cristo y la hoguera encendida a Bruno; - cuando te abstraes en lo infinito leyendo un diálogo de Platón, un ensayo de Montaigne o un discurso de Helvecio: - cuando el corazón se te estremece pensando en la desigual fortuna de esas pasiones en que fuiste, alternativamente, el Romeo de tal Julieta y el Werther de tal Carlota; - cuando tus sienes se hielan de emoción al declamar una estrofa de Musset que rima acorde con tu sentir; y cuando, en suma, admiras la mente preclara de los genios, la sublime virtud de los santos, la magna gesta de los héroes, inclinándote con igual veneración ante los creadores de Verdad o de Belleza. Todos no se extasían, como tú, ante un crepúsculo, no sueñan frente a una aurora o cimbran en una tempestad; ni gustan de pasear con Dante, reír con Molière, temblar con Shakespeare, crujir con Wagner; ni enmudecer con el David, la Cena o el Partenón. Es de pocos esa inquietud de perseguir ávidamente alguna quimera, venerando a filósofos, artistas y pensadores que fundieron en síntesis supremas sus visiones del ser y de la eternidad, volando mas allá de los real. Los seres de tu estirpe, cuya imaginación se puebla de ideales y cuyo sentimiento polariza hacia ellos la personalidad entera, forman raza aparte en la humanidad: son idealistas.

José Ingenieros  "El Hombre Mediocre"